Desahogo

29 septiembre, 2007 at 21:21 (Paridas varias)

Buenas, cuánto tiempo sin pasarme por aquí. Seis meses, según el calendario. Y estoy de un moñas y de unas pocas ganas de hacer nada que tiran de culo.

En primer lugar me duele la cabeza, pero eso son las cervicales y es mi condena particular (junto con la escoliosis, la artrosis, la tendencia a la anemia y la facilidad para escoñarme brutalmente por la chuminada más chumina… si es que estoy hecha con mucho arte). En segundo lugar, estoy cansada, sobre todo de no poder estar sola ni un minuto. Me siento pelín acosada, y eso no es bueno.

La culpa no es de nadie o, si hay culpables, soy yo. Soy madre de una niña de cuatro años que reclama atención constantemente, y nadie me obligó a tenerla, ergo… Ajo y agua.

Pero también soy una persona que necesita un poco de tiempo para relajarse y descansar, y eso se está poniendo difícil de un tiempo a esta parte. Sólo puedo relajarme cuando la niña duerme, y la muy jodida pasa de dormir siestas cosa mala.

En tercer lugar, acabo de ser despedida de mi lugar de trabajo de la manera más grosera que me podía imaginar. Me llamaron ayer a las ocho de la tarde (mi jornada laboral acababa a las seis y media) para decirme que no me molestara en volver el lunes, salvo para recoger mis cosas. Me dijeron que me mandaban un burofax y, efectivamente, lo he recibido esta mañana.
Y no sólo me han despedido de una manera soberanamente grosera, sino que las explicaciones que me han dado han sido vagas y poco específicas. Han aludido a mi puntualidad y eso debo reconocerlo. Pero cuando acepté el empleo avisé de que tenía una hija y unas obligaciones, y se me dijo que si llegaba tarde bastaba que recuperara el tiempo perdido. Y eso he hecho, luego no entiendo esa alusión a una falta de puntualidad de la que ya estaban avisados.

También se me ha dicho que no daba el ciento por ciento. En eso los puntos de vista son dispares. Yo pienso que sí, que daba la medida. De hecho, mi efectividad en el último mes se había incrementado hasta límites que ni yo misma acababa de creerme, y seguía in crescendo. Pero lo que para unos puede ser el cien por cien, para otros puede no pasar del cincuenta o el sesenta por ciento, así que sobre eso no voy a discutir, porque no nos pondríamos de acuerdo y sería una pérdida de tiempo.

Me pareció entender, aunque eso es interpretación mía y podría equivocarme, que lo que quieren es alguien que viva para trabajar, y yo soy la clase de persona que vive para vivir y trabaja para ayudarse a eso mismo. En otras palabras, salgo del curro y doy carpetazo hasta el día siguiente. Parece ser que esa actitud no está muy bien vista por los jefes.

Además, y eso también es elucubración mía, tengo la impresión de que me han hecho la cama. Sé de buena tinta que la persona que decidió mi cese tiene muy buenas relaciones con otra persona a la que no le caigo bien. Son buenas amigas, lo cual no es delito ni me importa. Pero tengo la impresión de que la persona a la que no le caigo bien habló de mí y lo hizo en los términos en los que piensa sobre mí. Y si lo hizo con la jefoncia, me jorobó bien. Sobre todo porque a la interdicta (llamemos así a la persona a quien le caigo mal) la conozco de tiempo atrás y sé que no le caía bien entonces, ni he hecho nada por caerle bien ahora.

No soy una persona que haga la rosca, sobre todo porque no sé hacerlo y se me ve el plumero que es un gusto, así que para qué molestarse. Por otro lado, he padecido mobbing en varios sitios y de varias personas, Interdicta incluida, y a estas alturas ya no me muero porque mis compañeros de trabajo no sean mis amigos. De hecho, gracias a Interdicta aprendí que a trabajar se va a trabajar. Lo de hacer amigos es para el tiempo libre. En el ínterin, es decir, en el curro, me puedo llevar perfectamente bien con todo el mundo, incluso con los que sé que me arrancan la piel a tiras en cuanto les vuelvo la espalda, simplemente porque su opinión me da absolutamente igual. Por no mencionar que ir a trabajar de morros es malo para la salud. Y parece ser, por su actitud, que a la Interdicta le molestaba que no le hiciera la rosca y que pasara olímpicamente de sus manías y sus particularidades.

A fin de cuentas, yo también tengo las mías, y el mismo esfuerzo que he de hacer yo para adaptarme a los demás lo han de hacer los demás para adaptarse a mí. En mi tierra se llama educación.

Además, trabajar con una persona variable, que tan pronto te sonríe y te hace cuasi confidencias como te mira mal y te pide educación con una absoluta falta de ella… Pues que o pasas o te vuelves gilipollas. Elegí pasar.
En fins, no me moriré de ésta. Además, mi idea era trabajar en esta empresa un añito o así para acumular paro y luego cogerme unos meses sabáticos para estudiar oposiciones, así que lo que voy a hacer es adelantar el plan. Tengo paro acumulado y lo aprovecharé para estudiar, sacarme las oposiciones (o eso espero) y disfrutar de mi hija, mi vida y mi casa. Tendré tiempo para hacer un montón de cosas y no necesitaré que nadie vaya a buscarme la peque a la escuela, porque podré llevarla y recogerla yo misma. Tampoco tendré que pagar el comedor, porque comerá en casa (y son 100 lerus de ahorro, ahí es nada). Y tampoco tendré que aguantar que me digan que me cuidan la niña porque no lo harán. ¿No es una pena? ;-).

Bueno, ya me he desahogado y esas cosas. Como dijo Fernando Fernán-Gómez, gran sabio donde los haya: “¡A LA MIERDA!”.

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