20 noviembre, 2007 at 18:50 (Uncategorized)

Toy ‘ta los güebos de mis viejos (con musiquilla repelente de fondo).

No es que me moleste tener padres. Es que me molesta que cada vez que abren la boca intenten metérseme hasta la cocina. Coño, que me gusta tener mi espacio para mí y quiero que me lo respeten. Y no sólo ellos. Tengo un hermano encefalogramaplano que tampoco le iría mal aprender a cerrar la boca de vez en cuando.

Estoy rebotona. Y tener a mis pes en casa no me arregla nada, más bien me lo estorba. Sólo de pensar que tengo que comer con ellos se me quita el hambre. Sólo de pensar que tengo que cocinar para ellos (amén de para la peque y para mí), prefiero comer en un restaurante. Y mira que me gusta cocinar, que me relajo y me despego un ratín del mundo mientras pienso en sabores y chuminadas de ésas, pero es saber que vienen a comer (y a dormir, que es peor) y se me van las ganas, de cocinar, de comer y de hacer nada.

Vamos, que hoy tenía que preparar arroz chino para comer y no ha habido huevos a ponerse. He acabado comiendo con la peque en el japo de aquí atrás (a la peque le encantan los pinchos de pollo :P) y largándome para no estar aquí cuando llegaran los viejos. De hecho, hace menos de una hora que hemos llegado.

Así que he tomado una decisión: me doy el piro. No de casa, que también. ¡¡¡ME VOY DE LA ISLA!!!

Hay un terruño en el norte que hace unos años me robó el corazoncito (no sé cómo, pero lo hizo), a tal extremo que es oír el acento asturiano y se me licuan las tripas. Me emociono como una colegiala delante de una película de príncipes y princesas. Así que me voy. Con la peque, of course. Y con una amiga que tiene un terreno allí y tiene que empezar las obras.

Supongo que si tuviera que irme sola el miedo se me comería por los pies, pero no me voy sola. También se me come el miedo por los pies (que si me equivoco, que si no me equivoco, que si…), pero no me voy sola, y eso ayuda. O sea, que por enero aprox estoy en la península, con mi hija, mi amiga y mi coche, a ver si me quito de encima una familia a la que quiero mucho pero que es invasiva como una colonoscopia.

Hace años le dije a mi novio de entonces que, si algún día me iba de la isla, me iría a Asturias. Y mira tú por dónde, una profecía casi autocumplida (no vendas la piel del oso antes de haberlo cazado). No sé si me quedaré en Asturias definitivamente o será sólo una prueba para no poder decir el día de mañana (o de pasado mañana) “debería haberlo intentado”. Si me sale bien, quizás me quede o quizás no. Y si me sale mal, pos tres cuartos de lo mismo. En cualquier caso, suceda lo que suceda, tengo bien claro que no voy a volver a vivir en casa de mis pes. No, porque después de probar la independencia volver a ser tratada como una persona menor de edad es insufrible.

Y lo sé por experiencia. No porque me haya ido de casa, sino porque mis padres se fueron hace unos años a otra casa que tienen en un pueblo y yo me quedé en la ciudad con la niña. Joder, organizarme yo misma, manejarme yo misma, decidir yo misma… Y no darle una puta explicación a nadie. Hasta que mis padres decidieron que se vendrían a vivir entre semana a la casa de aquí porque si no llegan tarde al curro todos los días. Y de repente me pasé de ser autónoma a ser otra vez la nena de la casa.

Con un agravante: mis padres nos tratan a mi hija y a mí como hijas, es decir, consciente o inconscientemente estimulan a mi hija para que me trate como a una hermana en lugar de como a su madre. Y eso me está creando infinidad de problemas a la hora de hacerle entender a la niña las cosas, como, por ejemplo, que yo mando y mi madre no. Mi madre se queja cuando la corto y la mando callar y me dice que le estoy dando mal ejemplo a mi hija, porque le enseño a la niña a no respetarme cuando la niña sea mayor. Aunque se lo he dicho, mi madre no entiende que lo que tiene que ver la niña es que los demás me respetan a mí.

Obviamente, yo también tengo que respetar a los demás (vaya ejemplo daría, si no), pero los demás tienen que entender que la madre de mi hija soy yo y que, por tanto, la máxima autoridad respecto a mi hija soy yo. Ergo, tienen que respetarme y mostrar ese respeto para que la niña vea que se me respeta y copie ese ejemplo. Si ve que los demás me ningunean y me tratan como a una imbécil, querrá hacer lo mismo y yo tendré que tomar medidas extraordinarias. Así que, evitando males mayores y malas influencias, ME VOY.

Me quedan dos meses para marcharme y se me hacen dos años, sólo porque sé que estos dos meses voy a tener a mis padres aquí y no voy a poder decir nada porque también es su casa. Ajjj, ojjj, blerrrjjj. Asco, coño.

Pero son sólo dos meses, con suerte, pasarán pronto (si me lo repito lo suficiente, igual me lo llego a creer). Bueno, no tengo ganas de seguir escribiendo. Au revoire, o como se diga.

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