Un buen par de bofetadas

1 agosto, 2008 at 21:58 (Pensamientos)

Estoy cansada. Físicamente también, pero sobre todo de mí. Quizás me levante de ésta, o quizás no.

Estoy matando a mi hija. Está bien de salud, y lo estará por muchos años, espero, pero estoy matando su niñez y su iniciativa. Todavía es una niña y todavía es espontánea, pero la veo calibrarme para adaptarse a mi estado de ánimo, para saber cuándo puede ser la niña que es o para saber cuándo imitar el comportamiento supuestamente maduro que cree que espero de ella. Para no resultarme molesta, para no distraerme de lo que me importa en realidad: yo, mis fantasías, mi vida interior, mi puto ombligo.
La estoy matando, y cada paso que doy para evitarlo se convierte en una danza ridícula de altibajos a la que ella intenta adaptarse porque soy su madre y, en su mente infantil, Dios.
Tan importante y tan idiota. Tan estúpida y tan sin mente que podría afirmarse que ella es más adulta que yo. Y sólo tiene cinco años.

Se podría aducir que me hace falta un buen polvo, algunos indudablemente lo pensarían. Yo también lo pienso. Pero también pienso que todo esto es algo más.
Puede que sea otra vez la bajada a la depresión (¿seré la típica maníaca-depresiva con ínfulas de creatividad?), puede que sea el calor, puede que sea mi puto ombliguismo. Yo, el centro de todo, yo, el eje alrededor del cual gira todo el mundo. Y, cuando veo que no todo gira a mi alrededor y que no todo el mundo ve a la tipa genial que yo me considero (una Mary Sue intragable, de todas formas), me derrumbo y gimo que el mundo no me entiende.
¡Pero yo no soy así!, protesto.
Pero sí soy así.
Y lo mejor de todo es que hay quien me acepta así y todo. Sólo falta dar el siguiente paso y ser yo quien se acepte a sí misma, para poder cambiar.

Sí, Unade, tienes razón, soy todo fachada. Una pose que mantengo ante todo Dios, y sobre todo ante mí misma.
Muchos libros, una razonable capacidad de análisis y un léxico cultivado. Y capacidad para ser razonable ante todo y todos cuando por dentro estoy rabiando y desando gritar. Pero mi pose es demasiado importante para mí como para echarla a perder por unos cuantos sentimientos absurdos que pasarán.
¿Estoy matando a mi hija? Nos estoy matando a las dos.
¿Dónde está esa determinación, muy razonable por cierto, de expresar lo que pienso como lo pienso, porque merece ser expresado o acabará enconándose y pudriéndose en mi interior, estropeando todo lo bueno que he conseguido?
Detrás de mi puta pose.

¡Oh (sufrido sollozo), ¿por qué no consigo amar y ser amada como una vez lo conseguí?
Sufrida respuesta: porque a las Mary Sues no las traga ni Dios, así que espabila.
Sí, también soy una Mary Sue, y encima de verdad me creo ser tan adorable como se lo piensa una Mary Sue de cualquier fic. ¡Pero si soy perfectaaaa…! Soy hermosa, tengo curvas (no estoy tan delgada como marca la moda, pero tan perfecta no se puede ser, queda demasiado increíble incluso en un fic), soy inteligente, razonable, emocionalmente pasiva y tan emotiva como una botella de coca cola vacía. ¿Cómo no se me va a adorar?
He llevado el autocontrol demasiado lejos. Las emociones demasiado vehementes me producen alergia cuando se expresan, y por eso mato las mías, las domeño cual cow boy amaestrando ganado (voz de gringo animoso y fardón, al peor estilo spaghetti western). He convertido la moderación en un arte, cuando nada de lo que hay en mí es moderado. Soy exagerada, soy pasional, soy violenta, maldita sea. Pero lo aparento tanto como un zapato viejo tirado en cualquier sitio.

Demasiadas palabras vacías. A ver cuándo pasas a la acción y se nota, guapa. Ya está bien de enseñar la patita para que te la curen. Si te duele, HAZ ALGO.
Escribirlo es un alivio momentáneo, ahora mismo notas sus efectos. Has descargado el veneno, lo has expulsado. ¡MUY BIEN!
Ahora da el siguiente paso y deja que los demás conozcan a la persona que eres debajo de esa máscara de supuesta perfección. Empieza por tu hija. Empieza por ti.
Como le decías ayer a Lúcer, nada de lo que te guardas te lo llevarás contigo cuando mueras. Y, si te lo llevas, ¿lo habrás disfrutado?, ¿lo habrás vivido?, ¿lo habrá visto alguien más? ¿HABRÁ VALIDO LA PUTA PENA?
Decide.
Y actúa en consecuencia.
Ya no tienes edad para que te lleven de la manita a todas partes.
El príncipe azul no existe.
Y, si existe, no es la solución a ningún problema.

¡VIVE DE UNA PUTA VEZ!

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