Buenas noticias nos dé Diox

9 septiembre, 2009 at 23:12 (Mamitis)

… Porque si hemos de esperar que nos las den los políticos… Yo ya me he cogido una buena hamaca y sólo me falta quien me abanique.

Pero sí, me apetece dar una buena noticia o, para ser más exactos, hablar bien de alguien.

Homenajeo, en esta ocasión (y espero que haya más), a mi madre. Los que hayáis leído posts anteriores sabréis que mi relación con ella no ha sido nunca de lo más boyante, que han proliferado la incomprensión, la cabezonería, los malos entendidos y la tiranía (por ambas partes, lo admito). También sabréis que recientemente me he visto en la tesitura de volver a casa de mi madre con el rabo entre las piernas porque la crisis se me ha comido por los pies, no tengo curro y no encuentro por más que busco y mi compañera de piso ya no podía más conmigo.

La verdad sea dicha, yo me esperaba volver a la misma situación en que me encontraba al marcharme de esta casa: controles draconianos, intromisiones, violaciones territoriales, etcétera.

Y cuál no ha sido mi sorpresa, grata sorpresa, cuando veo a mi madre más que dispuesta a olvidar disgustos pasados para echarme una pata (bueno, vale, esto no era tan sorpresivo, se veía venir). Pero sí me ha sorprendido mucho, porque no lo creía posible, la nueva actitud de mi madre hacia mí: con un respeto exquisito; intentando siempre suavizar las cosas en lo posible; tratando de guardar la distancia que necesito para sentirme bien y a la vez apañándoselas para dejarme la puerta abierta si quiero hablar con ella de cualquier cosa; apoyándome en mis problemas con mi hija, aunque luego en privado me comente, con suavidad y cuidado (para que no me mal piense), que no está de acuerdo y las razones de su opinión…

Mi madre ya no es una mujer joven, como es de suponer, teniendo como tiene cuatro nietos. De hecho, en dos meses cumplirá 63 años, que, aunque todavía no es una anciana para los estándares actuales, tampoco son moco de pavo. A la edad que tiene mi madre, cambiar es muy difícil, tremendamente difícil, pero se ha empeñado, se ha esforzado y lo ha conseguido. Y no soy capaz de imaginar siquiera la voluntad, el esfuerzo y el amor que este cambio representa.

No voy a decir cómo le correspondo porque no creo que me suponga la mitad del esfuerzo que le ha supuesto a ella, puesto que lo único que tengo que hacer es ver cómo se preocupa para que se me vayan las ganas de guerra (tampoco es que me trajera muchas).

Pero, al igual que cuando nos peleábamos lo decía aquí en voz bien alta, en voz igualmente alta quiero decirle a mi madre desde aquí que la quiero, que la admiro y que el día de mañana espero tener yo la misma adaptabilidad y voluntad que ella ha demostrado.

La pena es que no se va a enterar, porque el blog es anónimo ;-D, pero, si os cuento lo malo, ¿por qué no contaros lo bueno?

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