Cagada la habemus

19 febrero, 2010 at 18:01 (Autoescarnio, Se parte...)

Esta mañana me he acordado de algo que aconteció luengo tiempo ha, cuando el mundo era joven y yo, dicho sea de paso, más todavía.

Como introducción a los hechos, debo aclarar que mis padres se separaron cuando mis hermanos y yo todavía no teníamos edad para jugar con fuego y que, una vez separados, la actitud de mi padre biológico fue la de aparecer con suerte una vez al año, olvidarse sistemáticamente de nuestros cumpleaños y no hablemos ya de las fiestas de guardar. De resultas de esto, mis hermanos y yo nos hemos acostumbrado a prescindir de él en nuestro devenir diario y  a depender de nuestra madre para que nos recuerde su cumpleaños, que lo llamemos por el día del padre (porque es su santo, no porque haya ejercido), en Navidades, etcétera.

Ha ocurrido hoy que, de camino a mis obligaciones matinales, me he encontrado con mi padre biológico justo en el mismo lugar donde, ese luengo tiempo ha, lo mandé a la mi*rda poco más o menos. Y me he acordado. Y lo que aconteció fue lo siguiente:

Iba por la calle un viernes noche, de camino a casa después de tomar unas copichuelas con los amigotes. Era temprano, porque las copichuelas habían sido de lo más aburrido y, para aburrirme pagando en un bar, prefiero entretenerme gratis, en casa y con un buen libro en las manos.

De modo que serían sobre las diez y media, aproximadamente, y, al girar la malhadada esquina, ¡zas! Me di de manos a boca con mi padre biológico. Traduzco el diálogo siguiente para los castellanoparlantes, dado que en su momento la charla se dio en mallorquín.

Yo: Hola, papá, buenas noches.

Padre Biológico: Buenas noches, hija, ¿cómo tú por aquí?

Y: Po’ mira, de camino a casa, ya.

PB: De camino a casa… Será posible que una jovencita como tú todavía ande por el mundo a estas horas…

(Aquí yo me aturullé, porque me vinieron a la cabeza tantísimas cosas que contestarle que a durísimas penas conseguí espetarle lo que sigue)

Y: ¿A estas horas vienes tú a hacerme de padre? Anda y que te ondulen, hombre.

Y me piré. Llegué a casa y, como aún era temprano, encontré a mi madre levantada y procedí a contarle la aventura con el tono y las actitudes más despectivos que imaginarse pueda, partiéndome el pecho de la risa y considerando a PB un pobre tipo ridículo por demás. (En esto último no me equivocaba demasiado: si vierais la pinta que tenía el pobre hombre esta mañana…).

Mi madre me escuchaba y, según la anécdota progresaba, se le iba ensanchando una sonrisa malintencionada que yo atribuí, ilusa, a la aprobación de mi madre por mi respuesta.

Y:… Y lo he dejado ahí. A buenas horas mangas verdes.

Mi madre: Hija querida, ¿te has parado a pensar que a lo mejor tu padre te estaba gastando una broma?

Y: O_o

Lo que os decía al principio, cagada la habemus.

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1 comentario

  1. David (Copperfield) said,

    No dejes de escribir, y no dejes que ciertas anécdotas te empañen la vida.

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