Piensa (aunque sea a veces)

25 agosto, 2011 at 12:52 (Uncategorized)

En mi último post parecía una gallinácea furibunda defendiendo a sus polluelos y, con el poder intelectual de las gallináceas en pleno aleteo y cacareo alocado, no dije nada que ninguno de nosotros no haya pensado y vuelto a pensar unas mil veces. La parte positiva es que solté una buena cantidad de bilis que me estaba intoxicando la neurona; la negativa es que no aporté absolutamente nada a una situación que necesita gente dispuesta a pensar y a moverse, no simples enunciados de lo evidente.

En este nuevo post me gustaría aportar algo positivo. Sé que tengo pocos lectores, si es que tengo alguno, y que es poco probable que esto pase de agua de borrajas, pero, como dijo algún sabio: el no ya lo tengo. Así que voy a ello.

En primer lugar, la clase dirigente, en mi opinión, ha olvidado algo tan importante como que vivimos, al menos teóricamente, en una democracia. Una democracia, al menos según definición popular, es un estado político en el que el poder dimana del pueblo.

Según estoy viendo, esto no es así. Nosotros votamos y ponemos a esos señores en lo alto de un pináculo en el que nosotros, sus votantes, estamos muy abajo y no contamos para nada. Me recuerda a esa época del Despotismo Ilustrado, en el, según el rey Luís XIV, se hacía “todo para el pueblo pero sin el pueblo”. Nos ponen leyes muy bonitas, como permitir el matrimonio homosexual (con lo cual debo decir que estoy completamente de acuerdo), nos rebajan el nivel de los estudios para bajar la tasa de fracaso escolar (con lo cual lo que hacen es permitir que cada vez más idiotas vayan a votar sin saber qué coño están votando ni por qué), nos ponen la Seguridad Social más cara de Europa y luego nos dicen que, además, vamos a tener que pagarla de nuestros bolsillos (cosa que ya estamos haciendo con lo que nos quitan de nuestras nóminas)… Marean la perdiz para mantener las cosas como están, y como están es muy mal.

No solamente una cantidad ingente de personas en edad activa están en paro, sino que la situación es tal que estamos dispuestos a aceptar la esclavitud con tal de llevar un mendrugo de pan a nuestras mesas. Es cierto, no nos encadenan y, si la cosa se pone muy mal, tenemos el derecho de rescindir esa esclavitud y buscarnos un nuevo amo que nos trate mejor, o nos pague mejor, o nos proporcione un mejor horario. Pero no hay nadie con los cojones de hacerlo porque más vale malo conocido que bueno por conocer, o porque igualmente el cambio no conduce a la solución que necesitamos, o porque no hay otra opción.

Somos esclavos de eso que se denomina mercado, y lo asumimos como hemos ido asumiendo otras cosas que son absolutamente absurdas cuando nos paramos a pensar en ellas. Qué cosas son ésas daría para otro post y me desviaría del tema principal que quiero tratar hoy, pero estoy segura de que todos podemos pensar en alguna y quedarnos a cuadros porque hemos sido capaces de transigir. A lo que quiero llegar, y lo que creo una de esas cosas que no deberíamos permitir, es que los mercados son los que dictan cómo, cuándo, quiénes y por qué tenemos derecho a vivir de una manera o de otra. Y la pregunta obvia es quiénes son los mercados para decidir eso.

¿No se supone que somos nosotros los que gobernamos nuestro país democráticamente? ¿Qué hacen nuestros gobernantes delegados adoptando la posición de permitir que les revienten el tush? Les hemos puesto ahí para que defiendan nuestros derechos mientras nosotros nos ocupamos de nuestros asuntos, y ellos van y se abren de nalgas para el primero que viene gritando un poco fuerte.

Mi primera propuesta es que, por ley, ningún gobernante de nuestro país perciba ningún dinero del que pueda disponer libremente, es decir: que no cobre un sueldo. Se le proporcionará una vivienda adecuada a sus necesidades (la Moncloa puede destinarse a museo) en el transcurso del desempeño de sus funciones y un despacho o gabinete adecuado para que esas funciones puedan desempeñarse adecuadamente. Se atenderán sus necesidades alimenticias, sanitarias y de índole laboral de forma que no deba preocuparse de ello, pero sin privilegios. Esto es, en su mesa habrá el mismo bistec que en la del vecino de al lado, porque el puesto que ejerce es un servicio, no un negocio.

Esto significa que, entre otras cosas, su familia no disfrutará de ningún derecho extraordinario ni privilegio ni estatus superior con referencia a nada ni nadie, por el simple hecho de que el gobernante designado no tendrá con qué pagar esas prebendas. Sus amigos se verán en la misma circunstancia que su familia, y veremos entonces cuántos de ellos demuestran ser realmente sus amigos.

También significa que la condición económica del gobernante designado no variará en ningún momento. Cualquier trabajo que ejerciera antes de ser designado gobernante le sería devuelto al finalizar el ejercicio de sus funciones parlamentarias y no podría volver a presentarse a elecciones en el resto de su vida. Un solo mandato.

Mi segunda propuesta es la ampliación de esas características a todo el equipo de gobierno y, desde luego, prohibir por ley que ningún gobernante designado (regional, provincial o nacional) tenga la potestad de subirse o bajarse el sueldo.

Tercera propuesta: definir constitucionalmente el ejercicio del gobierno de nuestro país como un servicio y, por tanto, como algo lo bastante oneroso como para hacerlo lo mejor posible y terminar de una vez, para no tener problemas a posteriori.

Cuarta propuesta: (que quizás debería haber sido la primera) modificar la ley electoral para que cada voto tenga exactamente el mismo valor, independientemente de a quién se vote y desde dónde.

Quinta propuesta: El cambio económico. Exigir que nuestros gobernantes designados (fijaos bien que nunca digo electos, por favor) le den una patada mayúscula en los huevos a los mercados y se ocupen de sacar a flote la economía española. Si eso significa aislarse económicamente, será duro, pero nuestra economía tiene que desligarse de los mercados, o nos arrastrarán a todos en su caída.

El sistema mercantil actual está, obviamente, obsoleto. Se ha llegado a un extremo económico prácticamente medieval, en el que absolutamente todo es un lujo y, por tanto, cuesta mucho más de lo que podemos pagar por ello y muchísimo más aún de lo que vale. Tal cual la Edad Media, en la que nuestros ancestros pobres a duras penas podían comer y nuestros ancestros ricos se lo pasaban de puta madre, porque, para empezar, no pagaban un real de lo que debían. ¿No es una situación que nos resulte familiar?

El sistema económico medieval quedó obsoleto con la revolución industrial, que es lo que nos ha llevado a los días de hoy, en los que estamos exactamente como estábamos antes de que la revolución industrial cambiara la economía y se cargara medio planeta por el camino. La diferencia, considerable, es que ahora no deciden los nobles y la Iglesia, sino unos señores con títulos bursátiles que trabajan en un templo llamado Bolsa.

Mi opinión es que, igual que les dimos una patada en los mismísimos a la Iglesia y los nobles, hagamos lo mismo a los corredores de bolsa antes de que terminen de hundirnos a todos. Si se hunden ellos, pos mira, que aprendan a nadar, pero no hace falta que nos arrastren con ellos, muchas gracias.

Eso significa buscar alternativas factibles al actual sistema económico. El romanticismo nos impulsa a buscar en lo bucólico, que proporciona alimento a la par que solaz espiritual y paisajes de inusitada belleza… (patada en el culo). ¡DESPIERTA! ¿HOLAAA?, ¿HAY ALGUIEN EN CASAAA?

El ganado y los cultivos siguen siendo la base de nuestra economía, cosa que no ha cambiado desde que el mundo es mundo (¿por qué será?). Volver a ello significaría renunciar a muchas cosas que hoy en día damos por sentadas y, desde luego, en ningún momento sería lo que el romanticismo nos dice. Sería duro, sucio, nos levantaríamos y acostaríamos con las gallinas o con el sol (lo que viniera antes), nos dolerían partes del cuerpo que no sabemos que tenemos y nos saldrían callos en los callos de los callos… Y sería una idiotez que todos nos dedicáramos a lo mismo.

No es tanto una cuestión de competencia como de variedad. Si uno cría vacas, el otro que siembre y deje un cacho de tierra para que el rebaño del vecino pueda pastar y así ganamos dos cosas: derecho a la leche de las vacas (y quizás a la carne de un ternero) y un terreno maravillosamente abonado para sembrar la próxima temporada. Y no olvidemos que el vecino también gana el derecho a una parte de nuestra cosecha.

Y eso me lleva a una cosa que debemos eliminar de nuestro sistema económico: la competencia. Competir es absurdo. Es cierto que antropológica y socialmente es la repanocha, porque es lo que nos permite cribar y filtrar la calidad de los productos, la selección natural y esas cosas… Pero económicamente es un lastre. Nos lastra porque al final no nos centramos en producir lo mejor que está a nuestro alcance, sino en ponerle la zancadilla al vecino para que lo suyo no sea mejor que lo nuestro. Así el producto es una mierda, dicho llanamente.

Tenemos que unirnos y cooperar y, elijamos la forma económica que elijamos, tiene que ser algo que exija la cooperación y el trabajo de todos, y algo a lo que nos sumemos todos porque represente también, tiene que representarlo, una mejora a la corta y a la larga.

Sexta propuesta: El que no quiera trabajar, que no coma. Sé que dicho así suena brutal. ¿Dónde quedan la caridad cristiana, la compasión, la humanidad? Señoras y señores, dijo alguien que la caridad bien entendida empieza por uno mismo, y lo que no puede ser es que te deslomes currando para que se lo coma un vago de mierda que no ha echado palo al agua en su vida.

Harina de otro costal son los enfermos y los niños, que no tienen culpa de estar enfermos ni de ser niños y, por tanto, no poder trabajar. Pero un vago es un vago y no tiene derecho a aprovecharse del esfuerzo de todos para vivir de puta madre tocándose los higadillos a dos manos.

Séptima propuesta: Religiones. Personalmente, soy de la opinión de que la religión es una cuestión meramente personal que no debe influir absolutamente para nada en la economía ni en el día a día del que no tenga nada que ver con ella.

Si uno profesa una fe, sea ésta la que sea, es perfectamente lícito y no debe ser censurado ni señalado por ello. Pero los representantes de las religiones (sacerdotes, imanes, rabinos, lamas y lo que sea) deben trabajar como cualquier hijo de vecino para tener derecho a su sustento. Si una comunidad tiene un templo y lo quiere mantener con el esfuerzo comunitario, son libres de hacerlo, siempre y cuando ello no repercuta negativamente en las labores que les permitan vivir.

Octava propuesta: Queremos vivir bien. La economía no debe ser de mera subsistencia. Somos seres humanos y, como tales, se nos supone superiores al resto de los animales. El arte y la comodidad no deben ser erradicados. Una cama bonita no tiene por qué ser más cara que una meramente utilitaria, pero seguro que nos gustará más y ese pequeño detalle incidirá notablemente en nuestra calidad de vida. Y, como éste, miles de ejemplos más.

Supongo que podría extenderme hasta la eternidad pero, francamente, aunque no me he quedado sin ideas, ahora mismo son demasiado nebulosas para ponerlas en palabras coherentes y comprensibles. Sé que me he estirado hasta lo impensable y, ciertamente, mucho más de lo que pretendía en un principio. Quizás hasta sea útil y todo, vaya uno a saber.

En cualquier caso, desde aquí quiero sumarme a la iniciativa 15M, que es la que ahora mismo me parece la mejor dirigida para solucionar los problemas que nuestros políticos ineptos están creando y, encima, no saben manejar.

Pensemos, busquemos soluciones, porque nuestros políticos no lo harán.

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2 comentarios

  1. elvenbyte said,

    Sabes que el comunismo lleva mucho tiempo inventado, ¿no?

    • shisakebi said,

      Por supuesto que lo sé, y también conozco las dictaduras que se han desarrollado a partir de esa ideología. De todas formas, mis ideas son sólo ideas y, antes de aplicarse, deberían debatirse, razonarse, presentarse alternativas y vaya uno a saber cuántas cosas más. Eso sí, por favor, que los políticos actuales no metan el culo.

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